Angiografía de Occidente

El bosque de las mil noches

Primer puesto categoría Infantil del primer concurso literario 2020Autor: María Isabel García Marulanda

Era un lunes de 1971, yo era una niña de 11 años, me había mudado con mis padres a una casa antigua, muy cerca del “el bosque de las mil noches”, lo llamaban así porque una vez un joven fue a explorar el bosque y regresó mil noches después, pero él afirmaba haber pasado tan sólo una hora.

Le pregunté a mis padres si podía ir al bosque a jugar, pero con una voz grave mi padre respondió -no María, lo tienes rotundamente prohibido- y mi madre, con una voz dulce, respondió -María es mejor que no vayas, puede ser peligroso mi pequeña-. Me fui enojada a mi cuarto, pensando cómo sería el bosque, me maginé un montón de cosas tenebrosas, pero decidí ir, sabía muy bien que mis padres tenían una cena y llegarían a altas horas de la noche.

Prepare una linterna, ropa y comida, salí de casa entusiasmada y nerviosa la vez, extrañamente cuando entré el bosque estaba de día y todo parecía normal, pero a cada paso que daba se volvía más mágico y especial, vi un ser que era totalmente blanco, como un pájaro circular, lo seguí y vi un motón de ellos, empezaron a cantar una canción indescriptible, una melodía que tentaba a la armonía, me sentía tranquila de estar allí y decidí seguir mi camino, de pronto se hizo de noche y me encontré con una criatura de gran estatura, yo sólo llegaba hasta su cintura, él parecía un esqueleto humano, llevaba un traje elegante y un sombrero un poco extraño, tenía unos grandes ojos amarrillos, como los de un gato, él me dijo –Hola, me llamo Airam Lebasí- con una voz profunda, yo me sorprendí, pero sentí confianza, me preguntó si estaba cansada y me ofreció quedarme en su casa a pasar la noche, respondí inmediatamente que si un poco nerviosa, olvidé que debía regresar a casa, no me preocupaba que mis padres me estuvieran esperando, tenía la certeza de que estarían bien.

La casa me pareció increíble, no había visto nada igual, estaba llena de luces de navidad y era hermosa, pasé la noche en una cama suave que colgaba del techo, sentía como si volara, al despertar me esperaba una canasta de fresas frescas que bailaban hacía mi boca, me divertí mucho, le di las gracias y seguí mi camino, cada vez estaba más oscuro pero no tuve miedo, anhelaba volver a casa, caminé sin descanso, y de pronto, frente a mí, estaba un mar iluminado, metí los pies en el agua tibia, una ballena gigantesca se acercó a mí, ofreció llevarme al otro lado del mar, parada sobre ella alcancé a ver mi casa.

Al despertar, pensé que mi sueño había sido bastante extraño, me costaba mucho trabajo levantarme, sentía el cuerpo pesado, adormecido, todo a mi alrededor estaba en silencio, era una habitación pequeña, muy limpia, había un pequeño ramo de flores, entró una mujer mayor sonriente y me dijo que estuviera tranquila, mi familia vendría pronto y todo estaría bien.

No pude recordar el barranco, ni la caída, mucho menos el golpe en la cabeza, ya no tenía dolor, sólo una pequeña cantatriz al lado derecho de mi frente, habían pasado 5 años desde el accidente. Mi familia estaba feliz, y yo no paraba de contarles todo lo que pasó en mi sueño.

Estudié medicina, con el tiempo no volví a recordar el bosque de las mil noches, estaba siempre ocupada con el pesado trabajo. Un día, fui a ver un niño que se había desmayado, al despertar me contó que había estado en un lugar mágico, yo no tenía tiempo para escucharlo y le dije que era

María Isabel García Marulanda

normal tener alucinaciones cuando se sufría una contusión cerebral, para mí, todo tenía una explicación racional, el niño me regaló un dibujo en agradecimiento, me despedí y salí rápidamente de la habitación, me sorprendió que el niño supiera mi nombre y lo escribiera en su dibujo así que lo colgué en mi oficina.

Al día siguiente, sentada en mi escritorio, levanté la mirada, en la ventana se reflejaba el dibujo del niño, era algo extraño, se vía una persona muy alta y un niño muy pequeño dándole la mano, leí el nombre en el dibujo “AIRAM” decía claramente, no lo podía creer, era él, mi viejo amigo, recordé todo, tomé el dibujo en mis manos, en la parte de atrás decía “ayúdanos” …

Regresé al bosque, vi una pequeña casa con las luces apagadas, me parecía extraño ya que Airam prometió que nunca las apagaría, aunque muriera buscaría la manera de mantenerlas encendidas, toqué la puerta y no había nadie, al entrar vi una carta empolvada, parecía que había pasado muchos años desde que la habían escrito y decía “estamos desapareciendo, cuenta nuestra historia”

Desperté de nuevo, a una nueva vida, a cada niño que atendí le conté la historia de Airam y bosque de las mil noches, a partir de ese día la fantasía, la bondad y la amabilidad fueron mis mejores medicinas.