Angiografía de Occidente

Pinta, pinta un viaje a la primavera

Primer puesto Categoría Angio del primer concurso literario cuento corto 2020 Autor: Lady Alejandra Ramírez Sanchez

Mis viernes tienen un olor particular a astromelias frescas por su significado de libertad, sin embargo en aquel octubre el viernes tenía aroma a bosque, recuerdo mis pies inmóviles por el frío, un nudo en la garganta que parecía un nuevo órgano en mi cuerpo y mis ojos puestos en aquel hombre de plumas largas que tenía en frente dándome en una pequeña totuma un líquido sagrado que prometía llevarme a algún mundo desconocido. Su aroma despertó todos mis sentidos y cuando por fin lo tuve en mi boca comprendí que era lo más amargo que había probado y que quizás esa noche no iba a ser tan mágica.

Después de la ingesta del líquido oscuro y espeso, las náuseas eran insoportables, los bombazos del corazón me recordaban que estaba perdiendo el control sobre mi cuerpo; con temor de perderme cerré lentamente mis ojos y allí estaba viviendo mi propio videojuego, en medio de un entramado de colores intensos, que pasaban como rayos veloces en medio de la tormenta. Montada en un carrusel infantil que atravesaba un jardín de flores gigantescas con aromas exóticos.

En un teatro completamente oscuro era espectadora de mi propia vida, sintiendo a todas las personas que han hecho parte de mi existencia, desde niña cazando bichos en el parque con botas de caucho rojas, en la frescura de la adolescencia pasando los días detrás de un balón de voleibol, de joven enfrentando ese universo infinito de posibilidades en la universidad, hasta verme convertida en la mujer que en un verano encontró en Anderson el amor.

Las pintas me llevaban y me traían con el vaivén de las olas del mar, la curiosidad de aquella creación de colores me llamaba a gritos, pero la razón de no querer perderme en un viaje intenso me traía de regreso a la realidad del ritual. En medio de esta confusa disputa, empezaron a llegar imágenes de su rostro, como si el álbum de su vida estuviera pasando por mi mente, era la mujer de cabellos plateados y sonrisa amable, era mi abuela contándome su historia.

Lady Alejandra Ramírez Sánchez

Naciendo en la Primavera…

Al abrir los ojos ya podía percibir el aroma a café y arepas de maíz que cada mañana nos preparaba mamá, el sonido de la lluvia de aquel invierno no dejaba escuchar al gallo cantar, sin embargo ya era hora de salir de la cama pero el frío intenso penetraba mis huesos en aquellas madrugadas y me acobardaba; hasta que empecé a escuchar los gritos de mi mamá, salte de la cama y corrí para ver qué sucedía, jamás olvidare la imagen de mi madre corriendo hasta el portón de la casa, en medio de la lluvia y sus lagrimas, para recibir a su buena amiga “Lucia” quien llego a nuestra casa buscando refugio con su hijo.

Para festejar su llegada preparamos grandes cantidades de comida y se respiraba un ambiente de felicidad, sin embargo el hijo de Lucia no sonreía, ni pronunciaba palabra, tan solo abría sus enormes ojos verdes y me miraba de una forma rara.

Por la visita de Lucia, mi madre decidió darnos una especie de vacaciones, por lo que mis hermanas y yo jugábamos por toda la finca, Tito el hijo de Lucia tan solo nos miraba y no le gustaba jugar, siempre salía corriendo y evitaba hablar. Hasta que un buen día nos topamos de frente en el salón principal de la casa y como yo sabía que él no hablaba, decidí ponerle los himnos cristianos que mi padre solía escuchar conmigo en las tardes. Después de un rato de escuchar la música él se paro y bailo por todo el salón, no podía dejar de sonreír.

Por fin ese día escuche su voz y montados en un árbol nos hicimos grandes amigos. Muy pronto la visita de Lucia y su hijo termino, ellos debían marcharse a la ciudad donde buscarían nuevas oportunidades; partieron en una noche melancólica de despedida, con muchas promesas de un regreso.

Los años pasaron y aquella promesa del regreso jamás se cumplió, fue entonces cuando en el país estallo la guerra entre partidos políticos y mi padre era continuamente perseguido por los “godos”, vivíamos con el temor de ser atacados o de perder a algún miembro de la familia. Los rumores sobre un posible atentado contra mi padre nos llevo a huir de nuestra finca, en donde dejamos absolutamente todo lo que poseíamos, recuerdo que tan solo nos

permitieron llevar algunos vestidos, el resto de nuestras pertenencias se quedaron en la Primavera.

Después de mucho pensarlo y de mucho andar mi padre decidió que el mejor sitio para residir era la ciudad en donde el conflicto no se vivía de una forma tan aguda. Con esfuerzo llegamos hasta la casa de unos familiares en Cali y mi padre trabajaba como vendedor en una plaza de mercado, fueron épocas de mucha austeridad y de muchas lágrimas para nuestra familia; en medio de mi juventud tenía dificultad para entender por qué después de vivir en medio de comodidades ahora nos veíamos sometidos a las inclemencias de la ciudad.

En medio de mi continuo rechazo a la situación que estábamos viviendo sucedió lo inesperado, después de tantos años aparecieron de nuevo Lucia y su hijo Tito, ya convertido en todo un joven apuesto, este encuentro fue sin duda trascendental para mi vida porque comprendí, que aquel niño tímido con el que jugaba era el amor de mi vida y el hombre con que formaría una familia.

Debí ser paciente y volver a creer en la promesa de un regreso, porque Tito debía cumplir con su servicio militar, fueron dos años de larga espera, durante este tiempo mi padre logro obtener de nuevo estabilidad y adaptarse a la nueva vida en la ciudad.

De nuevo en la pinta la imagen de mi abuela empezó a desenfocarse y el sonido de su voz era cada vez menos perceptible, las pintas me arrojaban a un mundo de colores, en el que mi cuerpo no tenía peso, en el fondo podía escuchar a muchas voces que me hablaban sobre distintos acontecimientos de mi vida, hasta que caí en un profundo sueño.

Al despertar continuaba con la sensación de que mi cuerpo era más liviano, las pintas y voces habían desaparecido, sin embargo el agotamiento era mental después de cinco horas de rebuscar en el baúl interno de los recuerdos. El Yagé me permitió conocer otras esferas de mi existencia, es de rescatar el acercamiento con la naturaleza y la sensibilización que se consolida sobre todos los elementos que me rodean.

Durante ese viaje pude ver mi vida en retrospectiva, como si hubiera tomado mi cerebro y escudriñado en cada uno de sus recovecos, vi pasar la vida de mis

ancestros y de alguna u otra forma comprendí que para mí la violencia y el destierro fueron la oportunidad de nacer, para mí la época de la violencia colombiana aparte de tragedias, lagrimas y odios dejaron como herencia mi familia, soy una especie de nieta de la violencia y no es que pretenda hacer una apología a ella, es simplemente que para mi tiene un sentido diferente porque me permitió vivir.