Hay carreras que se planean con cuidado y otras que se van revelando en el camino. La de Claudia Muñoz pertenece a la segunda categoría. Llegó a Angiografía de Occidente en octubre del año 2002, como auxiliar administrativa en el turno nocturno, sin imaginar que esa puerta de entrada la llevaría, más de dos décadas después, a coordinar una de las áreas más especializadas de la institución.
Tres meses bastaron para que su historia tomara otro giro. Un traslado a la sala de hemodinamia lo cambió todo. Claudia no llegó allí con formación específica; llegó con algo distinto: curiosidad, disciplina y una capacidad de aprendizaje que no tardó en notarse. Observaba cada procedimiento, hacía preguntas, absorbía todo lo que el servicio tenía para enseñarle. Pero quedarse ahí no era suficiente. La experiencia le había despertado una convicción y, con el apoyo de la institución, tomó la decisión de estudiar enfermería. Ese paso marcó un antes y un después: el conocimiento formal se sumó a los años de oficio, y Claudia fue creciendo hasta asumir la coordinación de la sede de hemodinamia, cargo que ocupa hoy.
Para Claudia, lo más valioso de ejercer la enfermería en Angiografía no está en los procedimientos ni en la tecnología, aunque reconoce la importancia de ambos. Está en las personas. «Trabajamos en momentos muy sensibles para los pacientes y sus familias», explica. Estar presente en esos instantes, aportar tranquilidad y garantizar una atención de calidad es, a su modo de ver, el núcleo de la profesión.
La jefe Claudia cursa actualmente una especialización en Gerencia de Servicios de Salud, con el propósito de seguir creciendo como líder y de aportar con mayor profundidad al desarrollo de los equipos que acompaña.
En el plano personal, la motivación es clara: sus hijas. Claudia quiere que ellas vean en su propia madre la demostración de que los sueños se alcanzan con disciplina, esfuerzo y pasión. Su recorrido, sin adornos, ya lo demuestra.
Claudia no termina la conversación sin detenerse en algo que le importa profundamente: visibilizar la labor de sus colegas. La enfermería, dice, muchas veces opera en segundo plano, pero sostiene cada proceso con compromiso y calidez. Quiere que eso quede dicho.
Y agradece. Al equipo operativo del que hace parte y, en especial, al grupo de instrumentadoras que lidera, porque buena parte de este camino fue posible gracias al trabajo en equipo, al apoyo mutuo y al aprendizaje compartido.
«ADO no solamente ha sido mi lugar de trabajo», dice al final. «Se ha convertido en mi otra familia».
Veintitrés años de servicio avalan esa frase.